Comedía “Conversación entre amigos”

Cayetano – A ver chicos tenéis que juntar las manos y los pies, de esta forma y concentraos en vuestra energía interior, conectar todos los chakras y proyectar la energía en lo que queréis reparar de vosotros mismos que no os guste y entonces sentireis una ola de energía que se lleva lo malo y trae lo bueno.

Aurelio – Pues yo no siento nada, solo unas pequeñas cosquillitas en el culo.

Cayetano – Concéntrate, baja las antenas, intenta llevar tu mente al centro de tu alma.

Aurelio – ¡Ooooooommmmmmmmmmmmmm!¡Oooom! Shanti, shanti, ¡ooomm!

Tobías – A mi la antena no se me baja, además este sonido que ha empezado a hacer Aurelio me pone nervioso, ¿sabéis qué? ¡Al cuerno con vuestra meditación! Si algo os molesta de mí, escribidlo en un papel y metéoslo por el culo, yo no pienso cambiar.

 

Concurso de cuentos #fotocuento – Semana 11: Una nueva vida

Una nueva vida

Estaba cansado de este mundo, de ese trabajo que lo asfixiaba, del dinero, sin el dinero no podemos vivir – ¡maldito mundo consumista!, solo nos interesa tener un montón de cosas que realmente no tienen ningún valor y hacernos un maldito selfie para presumir ante una panda de locos sin sentido – eso era lo que pasó por su cabeza y lo que le hizo dar el paso.

Con su mochila, un par de mudas y poco más se dispuso a emprender su viaje. Consiguió restaurar aquella vieja guitarra que tanto le gustaba tocar cuando era joven, y ahora tocaba reanudar eso. Para pasar su tiempo no le importaba pasar horas y horas en la calle tocando su música, además podía conseguir algo de dinero para comprar algo de comida. De alguna forma, a pesar de dejar todo lo que tenía, su trabajo, su casa, sus amigos, ahora sentía que estaba completo, solo necesitaba un nuevo lugar donde vivir.

Imagen cortesía de @rahesi

Y no le hizo falta encontrar una lámpara mágica con un genio para poder pedirle ese deseo. De repente un día caminando por una de las montañas cercana al pueblo dónde paraba en ese momento, encontró una pequeña cueva, se adentró en ella y de alguna forma sintió que ese era el lugar perfecto, o por lo menos su lugar perfecto. Y allí se quedó viviendo feliz y de una forma sencilla, como nuestros ancestros, en una pequeña cueva cálida y acogedora y acompañado de la mejor compañía, la madre naturaleza.

Esta es mi participación para el concurso de Fotocuento de @rahesi, si te interesa participar puedes consultar las bases en este enlace.

Concurso de cuentos #fotocuento – Semana 10: ¿Soñamos?

¿Soñamos?

Era su lugar secreto, su lugar favorito. Cada vez que se ahogaba y necesitaba salir a respirar, nunca fallaba. Alguna que otra vez pasó tanto tiempo allí tumbada mirando al mar, que casi se queda dormida.

Era un lugar tan mágico para ella, allí no costaba trabajo pensar, esos típicos comederos de cabeza que siempre intentaba hablarlo con la almohada y acababa a las siete de la mañana despierta dándole vueltas y sin solucionar nada, allí no pasaba.

Sacó su cigarrillo, vestía con unos pantalones anchos de chándal y una sudadera vieja de su hermano mayor, con el típico moño despeinado y el pañuelo en el cuello mal enrollado. Le gustaba pensar en ella misma con esas pintas fumando allí pensativa, como si fuese una chica de una película a punto de ocurrirle una aventura increíble.

Quizás alguno de aquellos barcos que veía a lo lejos se acercaba, y un apuesto marinero le invitaba a navegar en busca de un tesoro escondido en una isla desierta. ¿Y por qué no?

Imagen cortesía de @rahesi

Tenía que dejar de soñar, ya era una adulta y este era el mundo real. Tenía que seguir cumpliendo sus metas, terminar la universidad, encontrar un buen trabajo, quizás con suerte su compañero de trabajo resultase ser el hombre perfecto para ella, ¡sí! comprarían una bonita casa, tendrían unos maravillosos pequeños, sería todo tan pero tan… ¿maaraavillooso?

Otra vez no, otra vez soñando con sueños que… ¡No! estos sueños ni siquiera pertenecían a ella, estos sueños los tiene cualquiera y estos sueños no la harían feliz, de eso sí que estaba segura.

Así que sin más volvió a mirar al mar, volvió a mirar hacia los barcos, y deseo con todas sus fuerzas ir a buscar el tesoro perdido en aquella isla secreta.

Esta es mi participación para el concurso de Fotocuento de @rahesi, si te interesa participar puedes consultar las bases en este enlace.

Concurso de cuentos #fotocuento – Semana 9: Viaje a Japón

VIAJE A JAPÓN

Cerró los ojos y comenzó a imaginar cómo sería su vida en Japón. Todas las mañanas hacía girar la bola del mundo que tenía en el dormitorio, con los ojos cerrados, y seleccionaba un lugar al azar. Luego, mientras iba al trabajo en autobús, se imaginaba cómo sería su vida en ese otro lugar. No era gran cosa, pero al menos se divertía.

Un calcetín de cada color, su vestido naranja fluorescente, con detalles en verde en forma de astros. Astros de colores. Sería como un corpiño con los lazos rojos y un cancán para hacer la falda perfecta. Así vestiría. Parecería una muñeca japonesa, de esas que se encontraban, no sin dificultad, en las jugueterias de los noventa. Comería saltamontes y cucarachas; y estaría horas y horas caminando por esas calles repletas de llamativas pancartas, esas que a veces se podían ver en televisión. Luces y colores por todos lados. Una discoteca en Japón, eso no había forma de imaginarlo, quizá un karaoke.

Un relámpago resonó en los cristales del autobús y le hizo abrir los ojos y volver al mundo real. La lluvia era cada vez más intensa. Estaba cansada, de esto, de esta ciudad gris, de este trabajo gris, de esta vida gris. Lo único que la mantenía despierta era poder imaginar cada día una vida inventada en un lugar nuevo. Algo que nunca sería capaz de llevar a cabo ¿o tal vez si?
El autobús anunció la siguiente parada, era la suya. Adios Japón, tenía que bajar.

Imagen cortesía de @rahesi

Siguiente parada…

Esta es mi participación para el concurso de Fotocuento de @rahesi, si te interesa participar puedes consultar las bases en este enlace